A menudo las personas hacen mención de estar en un desierto cuando están atravesando un momento de prueba o dificultad.

Sin embargo, desde la perspectiva de Dios, no se trata de un lugar donde hay escasez, necesidad o falta de ningún bien 

Al contrario, es un lugar donde Dios pone en evidencia lo que  hay en el corazón del hombre y es revelado su nivel de obediencia   

La palabra de Dios dice que, cuando Israel salió de Egipto, en el desierto se formaron dos generaciones:

1. Una que criticó, se quejó, y murmuró. Utilizaron todos los recursos traídos de Egipto para levantar adoración a un dios falso hecho de manos que no era su libertador. Esta generación se quedó postrada en el desierto y allí murió.

2. La otra, generación, tenía claro que el final de su destino no era el desierto sino la tierra prometida y, por tanto, utilizaron sus recursos para levantar el tabernáculo (santuario móvil construido bajo las instrucciones dadas por Dios). 

Esta generación se levantó en el desierto y pudo ver la gracia y favor de Dios con su pueblo. 

¿Qué es el desierto? 

La mayoría de nosotros nos imaginamos el desierto como un lugar extremadamente cálido, seco, árido y con casi nula probabilidad de vida. Nos aterraría la idea de vivir en un lugar como este. 

Sin embargo, a pesar de estas realidades climatológicas de acuerdo a la palabra de Dios: “el desierto no es un lugar de penitencia, castigo y mortificación, todo lo contrario, es el lugar correcto para definir nuestros corazones ante Dios”. 

El desierto es el lugar donde Dios pone a prueba nuestros corazones para que conozcamos si están alineados con los propósitos que él tiene para nosotros como sus hijos administradores y embajadores de El en la tierra.

¿Por qué llegamos al desierto? 

Es necesario llegar al desierto para que tanto Dios como nosotros podamos ver nuestros corazones al desnudo. 

¿Cuál es el propósito de Dios al llevarnos al desierto?

Ya dijimos que allí nos damos cuenta de lo que está en nuestro corazón, podremos identificar si en el hay una habitación para la queja, la ingratitud, la falta de Fe, y si conocemos quien realmente es nuestro Padre, todo esto y más quedará claramente evidenciado. Pero también será manifiesta la Fe, gratitud, y el gozo de tenerlo a Él. 

Dos puntos importantes de mencionar  

1. A los que critican, se quejan, murmuran y reniegan, también utilizan todo lo que tienen a su disposición con el vano propósito de idolatrar a falsos dioses tal como lo hizo Israel 

2. A los que entienden que el desierto es tan solo un lugar de paso, de transición y que su destino final es la tierra prometida. 

¿Cómo sobrevivir en el desierto? 

Lo más importante es tener fe y gratitud. Cuando somos agradecidos no existe motivo alguno que dé lugar a quejas. 

Al tener la capacidad de apreciar todo lo que tenemos sin dejarnos desviar por falsas creencias e idolatrías, siempre podremos estar seguros de nuestro bienestar y nada nos faltará.  

¿Qué nos espera después de vivir en el desierto? 

Si nuestros corazones, después de pasar tiempo en el desierto, están alineados con los propósitos de Dios, entonces podremos ser testigos de toda Su gracia y favor. También tendremos el privilegio de disfrutar toda la riqueza de Su tierra prometida, siendo esta nuestro verdadero destino, Cristo. 

Conclusión 

Tú tienes la oportunidad de decidir qué quieres. 

Si estás atravesando por circunstancias difíciles, no permitas que los pensamientos negativos y de ingratitud se apoderen de ti mediante la queja y murmuración. 

Puestos tus ojos en Jesús,  abrazándolo a El y Su verdad, comiendo El Pan que El te sirve en medio del desierto, pues este te dará la nutrición necesaria para estar listo y recibir y cumplir con todo aquello que El diseño para ti.  

Carlos A. Jiménez

Carlos A. Jiménez

Pastor

Carlos A. Jiménez es el pastor principal de la iglesia Edificadores de Naciones, ubicada en Staten Island, Nueva York.  Recibió su licenciatura en Ciencias de Computación de la Universidad Pedro Henríquez Ureña en República Dominicana, donde nació. Después de mudarse a los EE.UU., más tarde obtuvo doble maestría, en Administración de Empresas y la otra en Divinidad de Regent University.

Él y su esposa, Lissette, son padres de cuatro hijos, Karla, Nehemías, Benjamín y Gian Carlos.

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