En la palabra de Dios encontramos una pregunta que hizo Jesús en los evangelios—¿encontrará fe el hijo de Dios en la tierra cuando regrese?

Esta pregunta resulta bastante curiosa, nos da a entender que la fe del hombre puede ser quebrantada.

Por lo tanto, no debemos permitir que ningún acontecimiento, por más duro que parezca de superar, aniquile nuestra fe.

Hay circunstancias en la vida tan simples y sencillas que, no obstante, hacen que tengamos ese pensamiento de derrota, un pensamiento pesimista, un pensamiento donde somos incapaces de ver otras opciones.

Nos dice la palabra que Jesús multiplicó el pan y los peces que tenían entre sus discípulos para darle de comer a una multitud.

Al principio sus discípulos estaban escépticos porque no sabían cómo iban a alimentar a tanta gente con lo poco que tenían, sin embargo, fueron testigos de la voluntad de Dios cuando todos comieron hasta quedar satisfechos.

¿Qué nos enseña la palabra de Dios acerca de la fe?

Cuando la multitud terminó de comer Jesús les dijo “pasemos al otro lado” sin embargo, él no sube a la barca con ellos.  

Jesús se va al monte a orar y, desde allí, los observa cuando los sorprende una tormenta en el mar de Galilea, pero no es hasta la tercera vigilia que él desciende de la montaña y les dice: “no teman, ¿dónde está vuestra fe?”

Esa  la pregunta que debemos recordar (¿dónde está nuestra fe?), en aquellos momentos difíciles que nos hacen sentir entre la espada y la pared, sin salida.

En momentos de dificultad es donde debe florecer nuestra fe y deben estar nuestro corazón y pensamiento en la misma dirección con la palabra de Dios.

Debemos ser conscientes que el tener confianza no nos exime de las adversidades en la vida, pero sí nos provee el pilar que necesitamos para salir adelante y ver cumplir los sueños que el señor ha dispuesto para nosotros.

Obstáculos que debilitan o destruyen la fe

Encontramos una frase muy interesante en el libro de Habacuc, nos dice que el justo por su fe vivirá.

Nos queda claro que Dios recompensa todas nuestras acciones, recibimos de nuestro señor lo que corresponde a nuestro mérito.

Nuestra fe en Dios también recibe su recompensa, recibimos vida.

Sin embargo, muchos de nosotros titubeamos para seguir creyendo cuando estamos en condiciones devastadoras, y esos altibajos en la vida ponen a prueba nuestra fe, se fortalece o se pierde.

El querer que todo sea más fácil y accesible es solo una fantasía, los hombres de fe también enfrentan obstáculos, entonces, dejarnos confundir por un espejismo no nos ayudará en nada.

Cualquier evento negativo o con el cual no estemos de acuerdo, depende de nosotros, se convierte en un obstáculo que debilita nuestra fe.

¿Por qué debemos tener fe?

La fe es nuestra salvación, la luz que necesitamos para para levantarnos cada mañana y continuar con la misión que Dios nos ha encomendado.

Pero a veces tardamos más tiempo del que quisiéramos en encontrar esa misión, podemos vernos en caminos oscuros y peligrosos, llenos de laberintos que, solo con una creencia firme, podremos recorrer hasta encontrar la salida.

La fe es la fuerza que necesitamos para no desfallecer ante el mínimo episodio de desventura.

¿Cuáles son las consecuencias por falta de fe?

Tener fe es tener confianza, seguridad, luz para recorrer nuestro camino, es tener la fortaleza para levantarnos de todos los obstáculos y seguir en pie avanzando hasta llegar al lugar que Dios nos tiene como destino.

Sin fe nos perdemos en la oscuridad, nos desviamos del camino correcto, somos débiles, perdemos el sueño y la esperanza.

El no tener fe nos hace vulnerables y frágiles.

Conclusión

Nuestra fe debe ser siempre constante sin importar las circunstancias. La fe no es un pasaje o un boleto que utilizamos cuando nos conviene.

La fe en nosotros debe permanecer el mismo tiempo que permanezcamos aquí en la tierra, debe permanecer hasta el regreso del hijo de Dios. 

Debemos actuar con sabiduría, también debemos conservar todo lo que Jesús, a su regreso, espera  encontrar en nosotros, fe.

Carlos A. Jiménez

Carlos A. Jiménez

Pastor

Carlos A. Jiménez es el pastor principal de la iglesia Edificadores de Naciones, ubicada en Staten Island, Nueva York.  Recibió su licenciatura en Ciencias de Computación de la Universidad Pedro Henríquez Ureña en República Dominicana, donde nació. Después de mudarse a los EE.UU., más tarde obtuvo doble maestría, en Administración de Empresas y la otra en Divinidad de Regent University.

Él y su esposa, Lissette, son padres de cuatro hijos, Karla, Nehemías, Benjamín y Gian Carlos.

0 Comments

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *